Arvejas en vaina
Cuando era niña ayudaba a mi abuela a desenvainar arvejas antes de cocinarlas; disfrutaba esta tarea no porque fuera fan de éstas sino porque me gustaba masticar las vainas vacías mientras abría una después de otra con un toc!, presionándola de frente con el dedo pulgar y luego deslizando el mismo dedo a través de su interior para desprender los granos y dejarlos caer a un cuenco mientras hacían sonidos de máquina balotera.